jueves, 19 de mayo de 2011

It's not too late, love is waiting.

En la radio sonaba una canción que ella conocía, pero no le importaba, estaba demasiado absorta en sus pensamientos como para recordar la letra, recordando esa tarde.
Esa tarde en que lo conoció, la sonrisita compradora, el perfume de su piel, el aroma de las rosas de la plaza, las risas de los chicos jugando en el césped, el sonido de los pájaros cantando. Ese primer “Hola”, los primeros mensajes, las llamadas, los encuentros, el primer beso, el primer te amo, caminar de la mano, los helados, las canciones, las sonrisas... Siempre en la misma plaza, la de los pajaritos.
Hasta que salió el maldito cartel que dice The End.
Todo desapareció. El amor, las sonrisas, las tardes en la plaza... ¿Qué hace uno con los recuerdos?
Con las canciones por ejemplo, las canciones son un canto a la melancolía que nos hace recordar viejos momentos que albergamos con ansias que vuelvan, canciones que por más que lo deseemos con todas nuestras fuerzas no van a dejar de sonar en la radio aunque nosotros le roguemos a quien sea.
Los libros, las historias de amor, libros que quedan polvorientos sin leer en el fondo del estante y que en esos momentos sacamos del baúl para torturarnos con algo que sabemos que probablemente no pase, pero siempre tenemos esa esperanza de que aparezca el amor de nuestra vida con una disculpa y un ramo de rosas.
La plaza, ¿A quién le vas a pedir que la saque? No se puede. No se pueden llevar los pajaritos a otro lado, ni los nenes van a ir a jugar a otro, ellos no tienen nada que ver.
Los mensajes, se pueden borrar, pero ¿Me vas a decir que te los vas a olvidar? No, cada palabra y signo está grabado con fuego adentro tuyo. Y las llamadas son peor, te acordás cuánto duró cada una, cada cosa que te dijo, las noches en vela llenas de mensajes...
Los besos, los abrazos, estos siempre quedan grabados, el primero, el último, los del medio, todos, y lo peor, si eso se termina y aparece uno nuevo, siempre vas a comparar, porque esa persona para vos es ESPECIAL.
¿Será que la memoria elige de qué acordarse y de qué no? 
¿Será que prefiere recordar buenos momentos en vez de borrarlos para salir adelante? 
¿O será que esos recuerdos tienen la clave para seguir?
Esas personas entran en tu vida por una razón, y salen por una también, pero así como salen, pueden volver a entrar. Uno siempre puede arrepentirse de sus actos, siempre y cuando no sea tarde. No tenemos que torturarnos con el “Si hubiera”. Son palabras que separadas no significan nada, pero juntas a la par, son palabras que te pueden torturar hasta el fin, y efectivamente hasta que sea tarde y no queden más que los recuerdos. Tenemos que jugarnos a morir por esos recuerdos, no por ellos mismos, sino por los nuevos que se pueden crear, tenemos que jugarnos por lo que creemos que puede estar o no perdido, jugarnos por el SI. Al no lo tenemos de entrada, ¿Por qué no pensar en que podemos tener un si? Es sólo cuestión de confianza y valor en que podemos lograr eso que tanto deseamos, y al fin conseguirlo y ser felices.


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