lunes, 3 de febrero de 2014

Café, contigo

Sabía que llamaba la atención porque era especial.
Y no porque fuera despampanante, sino porque tenía ESA sonrisa.
¡Ay esa sonrisa!
Esa que te compra el mundo y te obliga a sonreír
Esa que te hace sentir que ella te está mirando y que sonríe para que sonrías
Esa que te desarma completamente y aun así te sientes protegido
(O al menos eso veían las personas)
En realidad no era que tenía ESA sonrisa porque le fuera fácil.
Sino que sonreía porque no tenía otra opción.
La vida le había presentado muchas situaciones que le enseñaron que sonreír es el remedio, y así lo hacía, siempre, ante todo.
Solía sentarse en el café de la esquina en su mesa favorita a tomar un capuccino todas las tardes de lluvia, a leer, a perderse en sus pensamientos, a escribir cartas de amor y dejarlas en los servilleteros para que el próximo que se sentara ahí las encontrara; y en ese momento del día de lluvia, dejaba descansar su sonrisa.
Lo que ella no sabía, era que cuando dejaba de sonreír (e incluso sonriendo) a veces tenía esa mirada de ojos tristes que nadie podía notar.

Hasta que una tarde, un extraño entró al café y se sentó en su mesa. Estaba sorprendida pero aun así no se animó a levantar la mirada del libro, pidió un café y habló:
- Tienes una sonrisa preciosa, lástima que los demás no sepan ver la tristeza en el fondo de tus ojos, la razón que te enseñó a sonreírle a todo y a todos.
Le sorprendió aun más esta observación -que la obligó a mirarlo- y se encontró con unos ojos color miel, unos ojos de sol derretido hermosos, pero con ese extraño brillo igual que el que había en los suyos. Y no supo qué decirle.
- Sorprendida ¿No? -dijo el extraño- verás querida, lo importante no es qué o quién te hizo así, sino lo que hagas con ello, puedes ignorarlo y sonreír a pesar de todo o enfrentarlo y volver a sonreír de verdad
- Ajá, por lo que veo usted tampoco ha enfrentado sus qué o quiénes todavía señor sabelotodo -respondió valientemente ella.-
- Tienes toda la razón, pero por lo menos hoy tengo un propósito. - Y le sonrió.
- ¿Y cuál es? - Respondió intrigada.
- Hacer que tú vuelvas a sonreír de verdad, pero mientras tanto, tomaré un café, contigo.

4 comentarios:

  1. Me gustó mucho tu entrada, me pareció muy tierna, especialmente el extraño misterioso de ojos tristes. Adorable.
    http://jussttbreathee.blogspot.com.ar/

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  2. ¡Ay que bonito! me encanto como termino todo. Hay que encontrar nuestra sonrisa de verdad como el dice.
    Me gusto mucho la entrada y el blog es hermoso!!!
    Un saludo

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  3. Precioso ! y muy cierto.Una sonrisa no cuesta nada y puede hacer mucho bien. Saludos!

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