jueves, 10 de abril de 2014

Mi soledad y yo

Nos acostumbramos a la soledad porque es fácil. Es fácil llegar al departamento y ver que no hay nadie, que está todo tal cual lo dejaste en la mañana, la taza en la cocina sin lavar y la cama sin tender.
Nos acostumbramos a la soledad porque termina siendo compañera. Se vuelve común comer conmigo misma cada día, cocinar sólo para mi, y auto arroparme por las noches. Pero se vuelve eterna la espera de recibir el llamado todas las mañanas que dice 'Buen día princesa' y el de todas las noches que dice 'Que sueñes con los angelitos'.
Los domingos por ejemplo, son monótonos, no importa si está soleado porque se sienten grises, son días de una manta en el sillón, un café, una película, y la soledad, la nostalgia.
O no necesariamente un domingo, tranquilamente puede ser un lunes o un jueves. Uno puede estar acompañado afuera, pero cuando llegamos a casa estamos sólo nosotros mismos. Es el encuentro consigo mismo lo que a veces puede ser insoportable. ¿Cómo hacemos para mirar a nuestro niño interior a los ojos y decirle 'Ya no sé cómo hacerte feliz'? Y recordamos cómo solía ser correr en el patio de nuestra casa atrás de una pelota con papá mientras mamá saca fotos. ¡Parecía todo tan fácil!
De todas maneras el problema no es la soledad, sino la compañía.
Acostumbrarse a la soledad es fácil porque está ahí siempre, latente, esperando. En cambio estar acompañado es más difícil. Se hace más llevadero que alguien desayune a tu lado, tener con quién charlar, con quien ir a pasear al parque cuando está soleado, o quedarse a ver una película cuando llueve. Nos acostumbramos a un abrazo o a una caricia, pero cuando dejan de acompañarnos queda el vacío en el cual podemos pasar mucho tiempo, pero más tarde un abrazo o un gesto nos hace recordar lo solos que estamos, nos hace preguntarnos '¿Hace cuánto que no me siento bien?'
El año pasado lo descubrí cuando después de muchos meses sola, la mamá de un amigo me acarició el pelo y me abrazó, me di cuenta lo mucho que necesitaba un mimo, lo mucho que necesitaba un pedacito de mi casa aunque sea por un rato. Porque otro problema, es que la compañía en algún momento se termina, tenemos que volver a encontrarnos con nosotros mismos y volver a la rutina.
Y ahí estamos, nosotros con nosotros mismos preparados para empezar de nuevo.

'A veces tenemos ganas de todo lo que no tenemos tan cerca, pero nos pintamos una sonrisa y seguimos caminando. Todo va a estar bien, como sea, todo va a estar bien.'

2 comentarios:

  1. Encontre hace poquito tu blog & me gusto c:
    Estar solos nos ayuda a estar con nosotros mismos, aunque por mucho tiempo pueda resultar bastante insoportable. Pero cuando te acostumbras a la soledad, la compañia se vuelve tan monotona que nos aislamos nosotros mismos.

    PD: te sigo !

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  2. Ay, me encantó ♥
    Es tan cierto. Uno se acostumbra a estar solo, tenemos tan armada la rutina que si hay alguien sentimos que nos desconfigura todo. Pero llega el momento de necesitar una pequeña compañía, alguien que nos tire la pesada rutina por la ventana. Es todo un dilema.
    Te sigo c:

    http://lacrymosa-ophelia-amane.blogspot.com

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