Era una charla casual, de esas que uno tiene cuando conoce a alguien nuevo en un café con un espresso, o en un bar junto a una cerveza.
- ¿Y qué tipo de chicos te gustan? O al menos, ¿Qué es lo que buscas? - Preguntó él.
Me detuve por un instante mientras realmente pensaba qué o quién era lo que me gustaba, tomé aire y contesté:
- Honestamente me gustan los chicos malos, me gusta ser la que tiene que ir a buscarlo, tener que luchar por su amor, saber que no es bueno para mí y aún así arriesgarlo a todo o nada a pesar de lo que me digan. Me gusta que tengan ojos brillantes, suelen gustarme los colores claros pero el color miel para mí es uno que es como oro derretido, es tener el sol en los ojos. No pretendo que compartan mi mismo gusto musical, pero me encanta poder intercambiar canciones aunque nuestros géneros no tengan nada que ver, y podría decirse que me puede bastante que toque la guitarra, más si me hace cantar, y no me refiero a que me diga 'Vamos, canta', sino a que tenga la capacidad de tocar una canción que yo sepa y que la melodía me lleve a dejarme llevar por ella y termine cantando a todo pulmón. Me gusta mucho también que se ría, con o sin razón, que su sonrisa me inunde y acordarme de ella cada vez que está nublado o llueve. Que haga deportes puede ser algo bueno también, pero que no sea obsesionado, que sólo lo haga por sentirse bien consigo mismo. Que sepa cómo hacerme viajar con simples palabras, y que con un solo roce me haga sentir que puedo tocar las estrellas sin salir de mi habitación, pero también que pueda estar conmigo sin hacer nada y aún así estar cómodo. Ay y su perfume... Tiene que ser uno que lo distinga de los demás, que cuando pase alguien a tu lado con esa fragancia pienses en esa persona, que ya no sea un perfume cualquiera sino que tenga una etiqueta especial porque él lo usa, y que cada vez que lo sientas te lleve de viaje, a un abrazo, a una noche, a un momento.
- Al parecer eres bastante decidida - le respondió él con una sonrisa.
Reí - No, pero al menos, como dijiste, parece - y volví a reír.
Lo que él no sabía, era que no estaba decidida en lo más mínimo. Simplemente me preguntó qué chicos me gustaban y terminé describiéndote.
- ¿Y qué tipo de chicos te gustan? O al menos, ¿Qué es lo que buscas? - Preguntó él.
Me detuve por un instante mientras realmente pensaba qué o quién era lo que me gustaba, tomé aire y contesté:
- Honestamente me gustan los chicos malos, me gusta ser la que tiene que ir a buscarlo, tener que luchar por su amor, saber que no es bueno para mí y aún así arriesgarlo a todo o nada a pesar de lo que me digan. Me gusta que tengan ojos brillantes, suelen gustarme los colores claros pero el color miel para mí es uno que es como oro derretido, es tener el sol en los ojos. No pretendo que compartan mi mismo gusto musical, pero me encanta poder intercambiar canciones aunque nuestros géneros no tengan nada que ver, y podría decirse que me puede bastante que toque la guitarra, más si me hace cantar, y no me refiero a que me diga 'Vamos, canta', sino a que tenga la capacidad de tocar una canción que yo sepa y que la melodía me lleve a dejarme llevar por ella y termine cantando a todo pulmón. Me gusta mucho también que se ría, con o sin razón, que su sonrisa me inunde y acordarme de ella cada vez que está nublado o llueve. Que haga deportes puede ser algo bueno también, pero que no sea obsesionado, que sólo lo haga por sentirse bien consigo mismo. Que sepa cómo hacerme viajar con simples palabras, y que con un solo roce me haga sentir que puedo tocar las estrellas sin salir de mi habitación, pero también que pueda estar conmigo sin hacer nada y aún así estar cómodo. Ay y su perfume... Tiene que ser uno que lo distinga de los demás, que cuando pase alguien a tu lado con esa fragancia pienses en esa persona, que ya no sea un perfume cualquiera sino que tenga una etiqueta especial porque él lo usa, y que cada vez que lo sientas te lleve de viaje, a un abrazo, a una noche, a un momento.
- Al parecer eres bastante decidida - le respondió él con una sonrisa.
Reí - No, pero al menos, como dijiste, parece - y volví a reír.
Lo que él no sabía, era que no estaba decidida en lo más mínimo. Simplemente me preguntó qué chicos me gustaban y terminé describiéndote.



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