- Es sólo otro día comercial más, ¿En serio vamos a ir a esa fiesta? - protestó Mike.
- No era un día comercial. Para los celtas era el día en el que el velo entre este mundo y el mundo de los espíritus era más débil - le respondió Jenny seriamente.
- ¡¡Booooo!! - dijo Tom.
- Qué representativo para la ocasión Tom -se sumó Katie a la conversación- planeamos esto cada año, no me parece que éste tenga que ser distinto.
Todos los años era la misma discusión, que día comercial, que para qué los disfraces, que no importaba si lo único que iban a hacer era beber cerveza en una fiesta llena de desconocidos, etcétera, etcétera. Al fin y al cabo las protestas no importaban si las chicas siempre se salían con la suya y los obligaban a vestirse ridículamente igual.
Este año no fue la excepción, con la diferencia que decidieron tener su propia fiesta antes de la fiesta. Compraron un par de botellas de vodka y energizantes en la gasolinera de las afueras del pueblo, y fueron al claro del bosque donde solían pasar las tardes en verano. El otoño había hecho cambiar de color a los árboles y la hojarasca cubría todo el suelo como un manto ruidoso y rojizo.
Ya bastante eufóricos por los efectos del alcohol, Katie dijo:
- Dicen que si corres hasta el final y aplaudes tres veces aparece la casa de la bruja de Big Fish - y rió tontamente.
- Ay si, y voy a mirar en su ojo para ver mi muerte, a ver si de paso encuentro a Becky Simmons - dijo Mike haciendo de cuenta que levantaba un parche.
- Hey que no es gracioso lo de Becky, su cuerpo apareció pasado de drogas cerca de este lugar hace un año, es trágico y siniestro al mismo tiempo.
Esperaban la representación macabra de Tom, pero éste ya había salido corriendo junto con Jenny a aplaudir, no había por qué tenerle miedo a una leyenda urbana.
Aplaudieron. Esperaron. Y... No pasó nada, obviamente.
Se dieron vuelta para regresar a donde estaban los otros, pero cuando Jenny decidió echar un último vistazo... La vio.
Era una imponente mansión victoriana del siglo XIX sacada de una película de época, majestuosa pero al mismo tiempo oscura, casi parecía abandonada.
No dudaron en entrar ¿Quién tenía la chance de comprobar si una leyenda podía ser real? Nadie, y ser los primeros los haría quedar en la historia de la secundaria cuando se lo contaran a todos.
Por dentro era aun más hermosa. Pisos de mármol pulido -aunque polvoriento-, cientos de muebles cubiertos con sábanas blancas, paredes decoradas con arabescos dorados muy estilo rococó, y una escalera caracol enorme que ascendía a las demás plantas.
Recorrieron lo que debía haber sido un gran salón de baile y subieron las escaleras. Había un pasillo amplio flanqueado por más paredes decoradas y unas cuantas puertas que supusieron llevaban a las habitaciones. Y de pronto... Música. Música clásica. Vals.
Corrieron escaleras abajo y se encontraron con la mansión llena de vida y de personas con atuendos de época, vestidos grandes como un mostrador y hombres ataviados con trajes con coletas, casi como los que usaba Mozart.
- ¡¡Una fiesta de disfraces!! - exclamó Jenny.
- ¿Y cómo nadie nos invitó? - dijo Tom ofendido.
- Debe ser muy exclusiva, miren la ropa de estas personas, y nosotros vestidos así - le respondió Katie sintiéndose fuera de lugar.
- Ya sé, subamos, en las habitaciones debe haber algo que podamos ponernos - concluyó inteligentemente Mike (y eso que el alcohol le hacía perder la cabeza).
De vaya alguien a saber donde, salió un mayordomo que los invitó a seguirlo para que pudieran cambiarse. Los hizo subir nuevamente y entrar por una de las puertas.
El cuarto era precioso, una cama con dosel estaba en el centro y había un vestidor enorme. La ropa que les habían dado les sentaba a la perfección, casi parecía que los estaban esperando...
Ya bastante eufóricos por los efectos del alcohol, Katie dijo:
- Dicen que si corres hasta el final y aplaudes tres veces aparece la casa de la bruja de Big Fish - y rió tontamente.
- Ay si, y voy a mirar en su ojo para ver mi muerte, a ver si de paso encuentro a Becky Simmons - dijo Mike haciendo de cuenta que levantaba un parche.
- Hey que no es gracioso lo de Becky, su cuerpo apareció pasado de drogas cerca de este lugar hace un año, es trágico y siniestro al mismo tiempo.
Esperaban la representación macabra de Tom, pero éste ya había salido corriendo junto con Jenny a aplaudir, no había por qué tenerle miedo a una leyenda urbana.
Aplaudieron. Esperaron. Y... No pasó nada, obviamente.
Se dieron vuelta para regresar a donde estaban los otros, pero cuando Jenny decidió echar un último vistazo... La vio.
Era una imponente mansión victoriana del siglo XIX sacada de una película de época, majestuosa pero al mismo tiempo oscura, casi parecía abandonada.
No dudaron en entrar ¿Quién tenía la chance de comprobar si una leyenda podía ser real? Nadie, y ser los primeros los haría quedar en la historia de la secundaria cuando se lo contaran a todos.
Por dentro era aun más hermosa. Pisos de mármol pulido -aunque polvoriento-, cientos de muebles cubiertos con sábanas blancas, paredes decoradas con arabescos dorados muy estilo rococó, y una escalera caracol enorme que ascendía a las demás plantas.
Recorrieron lo que debía haber sido un gran salón de baile y subieron las escaleras. Había un pasillo amplio flanqueado por más paredes decoradas y unas cuantas puertas que supusieron llevaban a las habitaciones. Y de pronto... Música. Música clásica. Vals.
Corrieron escaleras abajo y se encontraron con la mansión llena de vida y de personas con atuendos de época, vestidos grandes como un mostrador y hombres ataviados con trajes con coletas, casi como los que usaba Mozart.
- ¡¡Una fiesta de disfraces!! - exclamó Jenny.
- ¿Y cómo nadie nos invitó? - dijo Tom ofendido.
- Debe ser muy exclusiva, miren la ropa de estas personas, y nosotros vestidos así - le respondió Katie sintiéndose fuera de lugar.
- Ya sé, subamos, en las habitaciones debe haber algo que podamos ponernos - concluyó inteligentemente Mike (y eso que el alcohol le hacía perder la cabeza).
De vaya alguien a saber donde, salió un mayordomo que los invitó a seguirlo para que pudieran cambiarse. Los hizo subir nuevamente y entrar por una de las puertas.
El cuarto era precioso, una cama con dosel estaba en el centro y había un vestidor enorme. La ropa que les habían dado les sentaba a la perfección, casi parecía que los estaban esperando...
Una muy buen historia para Halloween! Tal vez sea un día comercial, pero hoy en día todos los días de celebración son comerciales, lo importante es no caer en la tentación del capitalismo y disfrutar sin más en buena compañía de tu familia y amigos! Sin olvidarte de correr hasta el final y saltar tres veces...
ResponderEliminar- sonríe eternamente -