Caminaban por la misma calle de siempre, esa que separaba las cuatro cuadras de la casa de ella de la de él. Él vestía el sobretodo de color café con leche, igual al que les hacía su mamá a la hora de la merienda y el gorro nuevo gris que era de un amigo. Ella vestía el piloto negro y la bufanda del mismo color porque se había olvidado la blanca en la casa de él.
Bah, ¿Para qué describir lo que vestían si hasta ellos sabían dónde iban a terminar?
Por eso amaban las tardes en la casa de él, su hermano se la pasaba jugando con sus primos y su mamá trabajaba a esa hora, por lo que quedaba totalmente vacía para ellos y 'juntarse a dormir la siesta' era la excusa perfecta.
Amaban las tardes justamente por eso también, porque de 'siesta' no tenían nada.
Se divertían haciéndose cosquillas, disfrutando sonrisas entre besos, y podría decirse que hasta también se divertían jugando a desvestirse.
Él amaba su piel suave y tibia sobre la suya, y ella amaba el perfume de él sobre su piel.
Ella sabía que cada centímetro de su piel le pertenecía, y él lo confirmaba besándole la espalda.
Y lo mejor de todo esto era que ellos estaban en un mundo aparte, porque mientras afuera podía llover y el viento podía soplar, lo que importaba era que estaban juntos, lo que importaba era el amor que sentían. Porque eso eran ellos: amor.
(Aunque él no se daba cuenta lo enamorado que estuvo siempre de ella, y ella no quería reconocer cuánto lo amaba)
Pero por sobre todas las cosas lo más lindo es que nadie sabía de esa clandestinidad, ni de ese amor, ni de esas tardes, simplemente porque eran enteramente suyas y no las querían compartir con nadie más.
Bah, ¿Para qué describir lo que vestían si hasta ellos sabían dónde iban a terminar?
Por eso amaban las tardes en la casa de él, su hermano se la pasaba jugando con sus primos y su mamá trabajaba a esa hora, por lo que quedaba totalmente vacía para ellos y 'juntarse a dormir la siesta' era la excusa perfecta.
Amaban las tardes justamente por eso también, porque de 'siesta' no tenían nada.
Se divertían haciéndose cosquillas, disfrutando sonrisas entre besos, y podría decirse que hasta también se divertían jugando a desvestirse.
Él amaba su piel suave y tibia sobre la suya, y ella amaba el perfume de él sobre su piel.
Ella sabía que cada centímetro de su piel le pertenecía, y él lo confirmaba besándole la espalda.
Y lo mejor de todo esto era que ellos estaban en un mundo aparte, porque mientras afuera podía llover y el viento podía soplar, lo que importaba era que estaban juntos, lo que importaba era el amor que sentían. Porque eso eran ellos: amor.
(Aunque él no se daba cuenta lo enamorado que estuvo siempre de ella, y ella no quería reconocer cuánto lo amaba)
Pero por sobre todas las cosas lo más lindo es que nadie sabía de esa clandestinidad, ni de ese amor, ni de esas tardes, simplemente porque eran enteramente suyas y no las querían compartir con nadie más.

Buen texto, me gusta como escribes. Sigue así.
ResponderEliminarBesos :)
Eres un escritor con una bella historia? Perteneces aquí > http://www.novelasdeavellanas.blogspot.com
ResponderEliminarHola! Feliz navidad!! Me ha encantado tu blog y me quedo. Ya te sigo. Puedes seguirme, es que hace muy poco que me he creado mi blog.
ResponderEliminarMuchas gracias :)
memoriesonthesky.blogspot.com
¡Hola!
ResponderEliminarMe paso por aquí para avisarte de que te espera un premio en mi blog.